¿Qué es la brujería, de dónde viene y por qué sigue viva hoy?
La brujería… ¿qué es en realidad?
Para algunos, un mito viejo. Para otros, una amenaza. Y para muchos más, un camino. Hay que decirlo claro: no hablamos solo de conjuros y escobas voladoras. Hablamos de algo mucho más profundo. Algo que lleva latiendo desde hace siglos, tal vez desde siempre.
Un origen que no empezó con el miedo
Al principio, la brujería no tenía ese nombre. Ni ese peso. Las personas —hombres y mujeres por igual— simplemente observaban la naturaleza. Sentían los ciclos de la luna, la fuerza de las plantas, los cambios en el aire. Y actuaban en consecuencia.
No era raro ver a alguien mezclar hierbas para sanar, o enterrar objetos para alejar malas energías. Era parte de la vida. No se llamaba brujería, se llamaba vivir en conexión.
El miedo vino después
Cuando llegó la religión organizada, cuando se impusieron los dogmas y se cerraron las puertas del misterio… ahí empezó todo a cambiar. Lo que antes era sabiduría, se volvió peligro. Las mujeres que sabían demasiado pasaron a ser sospechosas. ¿Por qué ella cura sin ser médico? ¿Por qué conoce los ciclos de la luna mejor que el sacerdote?
Y así, la brujería —esa palabra que antes ni siquiera existía— se convirtió en delito. Miles de mujeres fueron quemadas por mirar distinto, por hablar bajo, por saber lo que otros no sabían. La historia está ahí. No es cuento.
Pero no murió
A pesar de todo, la brujería sobrevivió. A escondidas, en susurros, en recetas que pasaban de abuelas a nietas, en símbolos grabados en la madera, en rituales sencillos que se hacían al caer el sol.
Y hoy, sin necesidad de esconderse tanto, vuelve con fuerza. Pero no como copia barata de películas ni como moda de redes sociales. Vuelve porque sigue sirviendo. Porque hay preguntas que la ciencia aún no responde. Porque hay heridas que solo se curan con verdad, con símbolos, con alma.
¿Para qué sirve hoy la brujería?
Sirve para lo mismo que antes: para sanar. Para protegerse. Para cortar lazos que duelen. Para abrir caminos que parecen cerrados. Sirve para sentirse más en paz. No es un truco. Es una forma de mirar y de actuar. Quien cree que es solo teatro, no ha entendido nada.
También hay quien busca amor. O justicia. O equilibrio. Hay quien solo quiere entender por qué sueña lo que sueña. Todo eso cabe dentro de la brujería. Porque no es una religión. No es una ciencia. Es una mezcla de intuición, de símbolos, de intención.
Y, por raro que suene, también es una forma de arte.
Lo importante: no todo vale
Hay personas que usan la palabra “bruja” como si fuera un disfraz. Que venden humo. Que prometen imposibles. Eso no es brujería. Eso es aprovecharse del dolor ajeno. La verdadera brujería no impone. No manipula. Acompaña. Observa. Sostiene.
¿Y entonces…?
Entonces, cada cual debe decidir si cree o no. Nadie obliga. Nadie convence. Pero si alguna vez has sentido que el mundo visible no lo explica todo… tal vez entiendas por qué tanta gente vuelve los ojos a esto. A algo que late, que vibra, que nunca se fue del todo.


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