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Tarot Espiritual

El par biomagnético: entre imanes, dudas y curiosidad

Lo confieso: la primera vez que escuché hablar del par biomagnético pensé que era otro invento raro de esos que aparecen en revistas de salud alternativa. Pero claro, luego empiezas a ver que hay gente que lo prueba, que repite, que hasta te cuenta anécdotas medio increíbles… y ya no sabes si reírte o apuntarte a una sesión.

¿Qué es exactamente?

A ver, explicado rápido: se colocan imanes en determinados puntos del cuerpo con la idea de equilibrar el pH interno. O sea, que lo que está “pasado de ácido” se regula, y lo que anda flojo también se ajusta. Dicho así suena técnico, pero en la práctica la sesión es bastante simple: te tumbas, el terapeuta mueve imanes de un lado a otro y tú… bueno, te relajas (o te aburres, depende del día).

¿Para qué se usa el par biomagnético?

Pues aquí hay de todo. Personas que dicen que les calmó dolores musculares, otras que lo probaron para problemas digestivos, e incluso quien asegura que le mejoró la calidad del sueño. Yo conozco a un vecino que, después de varias sesiones, dejó de quejarse de migrañas constantes. ¿Casualidad? Puede ser. Pero a él le funcionó y eso basta para que no lo discutas mucho.

¿Qué puede aliviar?

Lo típico que se comenta es:

Estrés (ese maldito compañero que nunca se va).

Acidez o molestias intestinales.

Dolores articulares, lumbalgias y esas cosillas que aparecen con la edad.

Dolores de cabeza, desde leves hasta los que te tumban en la cama.

Claro, aquí nadie garantiza milagros. Pero a veces lo que uno busca es simplemente estar un poco mejor, y si un par de imanes lo consiguen… pues bienvenido sea.

Historias que se cuentan

Siempre aparecen testimonios curiosos. Una amiga de mi madre asegura que, después de varias sesiones, se le calmó la alergia primaveral. Y también recuerdo a una señora que decía, emocionada, que había vuelto a bailar sevillanas porque el dolor de rodillas ya no la frenaba. ¿Exageración? Puede. Pero la emoción en su cara no parecía fingida.

Un poco de historia

El par biomagnético se le atribuye al doctor Isaac Goiz, allá por los años 80. Él empezó a experimentar con imanes aplicados en pares de puntos concretos del cuerpo (de ahí lo de “par”). Al principio sonaba excéntrico, pero poco a poco fue ganando seguidores, sobre todo en México y España. Y como pasa con todo lo alternativo: también ganó detractores, críticas y debates eternos.

Entonces, ¿merece la pena?

No te voy a dar una respuesta cerrada. Yo lo probaría, aunque solo fuera por curiosidad y porque, oye, tumbarse un rato mientras alguien coloca imanes tampoco suena a castigo. ¿Funciona? A muchos sí. ¿A todos? No. Y ahí está la gracia: cada cuerpo es un mundo, y lo que le vale a tu primo quizá a ti no te haga ni cosquillas.

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