¿Qué es el Tarot Aleister Crowley? Una baraja que no adivina el futuro… lo sacude
Mira. Si esperas un tarot simpático, de esos con dibujitos suaves y mensajes bonitos como galletas de la suerte, este no es tu mazo. El Tarot Aleister Crowley es como un espejo que no perdona. Lo miras, y de repente ya no estás tan seguro de querer saber la respuesta. Pero ya es tarde, claro. Las cartas han hablado.
Aleister Crowley: el tipo que incomodaba hasta a los demonios
Vamos por partes. Aleister Crowley fue un británico peculiar, por decir algo. Nació en 1875, y desde joven ya iba por caminos raros: ocultismo, alquimia, misticismo, magia ceremonial… y escándalos, claro. Lo llamaron “el hombre más perverso del mundo”. Aunque, sinceramente, eso dice más de los que lo criticaban que de él. Tenía ideas fuertes, sí. Molestaba. Pero también era brillante, profundo y peligroso… como todo lo que vale la pena explorar.
Inventó un sistema filosófico llamado Thelema. Escribió muchísimo. Viajó, experimentó, fue un buscador constante. Y entre muchas cosas que hizo, una fue crear el Tarot de Thoth, también conocido como el Tarot Aleister Crowley. Pero no lo hizo solo.
El Tarot de Thoth: una baraja que parece un museo esotérico en miniatura
La parte visual corrió por cuenta de Lady Frieda Harris, una artista que al principio no tenía ni idea de tarot, pero que acabó obsesionada. Estuvieron trabajando cinco años, desde 1938 a 1943. No era un encargo cualquiera. Era casi una alquimia. Cada carta que pintaba tenía que tener sentido astrológico, cabalístico, mágico. Y lo tuvo.
El resultado fue un mazo que no se parece a ningún otro. No solo por el estilo visual, que ya es bastante intenso. Sino porque cada carta tiene un peso simbólico tremendo. Son 78 puertas que se abren al inconsciente… y que no siempre se cierran después.
Lo curioso (o no tanto) es que no se publicó en vida de Crowley. Solo después de su muerte, en 1969, el mundo vio por fin el mazo completo. Tal vez no estábamos preparados antes. Tal vez todavía no lo estamos.
Un tarot para quien no quiere respuestas fáciles
El Tarot Aleister Crowley no es para quien busca adivinaciones superficiales. No te va a decir si volverá tu ex ni si deberías comprarte un coche rojo. Este mazo lanza preguntas. Te remueve. A veces molesta. Y eso, para muchos, es lo mejor que puede hacer un tarot.
Sirve como herramienta de autoconocimiento, como espejo simbólico, como mapa del alma. Y lo usan desde tarotistas expertos hasta psicólogos jungianos, pasando por místicos modernos y lectores que no temen lo incómodo.
¿Por qué sigue siendo uno de los mazos más populares?
Por su complejidad. Su profundidad. Su belleza rara. El Tarot de Thoth tiene capas y capas de sentido. Hay astrología, numerología, mística egipcia, mitología, filosofía. Todo comprimido en cartas que a veces parecen gritar, otras susurrar, pero nunca callarse.
Y también porque, al contrario que otros tarots más simples, este no te da las cosas masticadas. Te obliga a pensar. A interpretar. A enfrentarte con símbolos que no se resuelven en dos segundos de lectura.
Final sin rodeos: este tarot no es para todos. Pero tal vez sí para ti.
El Tarot Aleister Crowley es un viaje. A veces difícil, otras brillante. Pero siempre transformador. No es bonito en el sentido comercial. Es bello en el sentido profundo. Es una obra de arte mística y una guía para quien tiene el valor de mirar hacia dentro.
Y si has llegado hasta aquí, quizá no sea casualidad. Quizá te esté llamando. Las cartas a veces hacen eso.
