Más allá de lo físico: una guía sobre las dimensiones espirituales y sus frecuencias
Cuando hablamos de dimensiones espirituales, mucha gente piensa inmediatamente en lugares físicos, como si pudieras coger un autobús y bajarte en la «quinta parada». Pues no, no funciona así. En el ámbito de la metafísica y la consciencia, una dimensión no es un lugar; es un estado de existencia, un rango de frecuencia. Imagínalo como una radio antigua: todas las emisoras están ahí, en el aire, ahora mismo, pero tú solo escuchas aquella con la que sintonizas.
Es decir, se trata de percepción y de vibración. Así de simple (y de complejo).
¿Qué son exactamente y cuántas hay?
Básicamente, las dimensiones espirituales son bandas de consciencia que operan bajo distintas leyes de la física —o metafísica—. Aunque existen muchas teorías, algunas escuelas sugieren que hay infinitas; sin embargo, el modelo más aceptado en el estudio de la evolución humana suele desglosarlas en siete o doce niveles principales. Nosotros, claro, estamos muy familiarizados con la tercera.
Sin embargo, para entender el mapa completo, hay que mirar hacia arriba. O hacia adentro, mejor dicho.
Desglose de frecuencias y cualidades
Cada nivel tiene su propia «música» o tasa vibratoria. No es que una sea mejor que la otra, simplemente son diferentes estadios de aprendizaje.
- Tercera Dimensión (3D): Esta es nuestra vieja conocida. Es el plano de la materia densa, la linealidad del tiempo y, sobre todo, la dualidad. Aquí las cosas son sólidas. Vibramos en una frecuencia más lenta y pesada para que la experiencia física sea posible. El ego lleva el mando; hay un «yo» y un «tú» bien separados.
- Cuarta Dimensión (4D): Aquí la cosa se pone interesante. Es el puente. Algunos la llaman el plano astral o el mundo de los sueños. El tiempo deja de ser lineal y se vuelve fluido; es el reino de los arquetipos y donde la manifestación empieza a ser más rápida. Digamos que es una zona de tránsito donde soltamos lastre emocional.
- Quinta Dimensión (5D): El objetivo de muchos buscadores de las dimensiones espirituales. Aquí, la frecuencia es mucho más alta y ligera. La palabra clave es unidad. Ya no operamos desde el miedo o la separación, sino desde la conexión total. La manifestación es casi instantánea (ojo, esto requiere responsabilidad) y el amor incondicional es la base de la existencia, no una emoción pasajera.
Por supuesto, hay más allá —sexta, séptima, etc.—, donde la forma geométrica y la luz pura sustituyen cualquier rastro de individualidad, pero eso ya es harina de otro costal, casi incomprensible para nuestra mente actual.
¿Cómo se «alcanza» una dimensión superior?
Esta es la pregunta del millón. No hay un ascensor. Tampoco hay un ticket dorado al estilo de Charlie y la fábrica de chocolate.
Para acceder a estas frecuencias, el estado interno es la llave. No puedes entrar en 5D arrastrando el rencor de que tu vecino no te saludó ayer; simplemente, las densidades no son compatibles. Por tanto, el trabajo es de sustracción, no de adición. Tienes que quitarte capas de miedo, juicios y creencias limitantes. La meditación ayuda, sí, pero la coherencia cardíaca —sentir, pensar y actuar en unísono— es lo que realmente cambia el dial de tu radio interna.
Tienes que vibrar en la frecuencia a la que quieres acceder. Es ley de resonancia pura. Si estás vibrando en miedo (frecuencia baja), la realidad que percibes será, inevitablemente, 3D. Si vibras en gratitud y aceptación, empiezas a «tocar» la 5D.
Origen e historia: ¿De dónde sale todo esto?
Aquí entramos en terreno pantanoso y fascinante. ¿Cómo se crearon? Las tradiciones más antiguas, desde el misticismo védico hasta la Cábala, coinciden en que todo emana de una «Fuente» o consciencia primigenia que decidió experimentarse a sí misma.
Para ello, esta Fuente se fragmentó, bajando su vibración progresivamente para crear densidad. Fue un proceso de «involución» (bajar a la materia) para luego iniciar la «evolución» (volver a subir). Históricamente, el concepto de dimensiones espirituales no es nuevo; los chamanes ya viajaban por el «mundo de arriba» y el «mundo de abajo». Lo que pasa es que ahora, con tanta información disponible, le hemos puesto etiquetas numéricas y explicaciones casi técnicas a lo que antes eran puras experiencias místicas inefables.
En fin, que transitar por estos estados es el gran viaje humano. Ni más, ni menos.


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